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domingo, 29 de mayo de 2016

Darse y dar a Dios desgastándome yo






Si no te desgastas tú cuando amas según Dios, es que no estás amando realmente. Porque el Amor de Dios en ti, cuando actúa, crece de forma exponencial y el ti mismo se va pulverizando. Sólo esta forma de amar puede acabar con la maldad que envuelve este mundo.

Los profanadores de los templos más puros que existen en este mundo carcomido por el odio, la lascivia, la envidia, la tiranía, la usura  y  tantos  otros sueros venenosos a los cuales está mal visto llamar pecado en esta hipócrita sociedad; me refiero a los profanadores de niños, de niños muy pequeños, de bebés; esos profanadores a los que, sin miedo a equivocarnos, podríamos llamar íncubos a la orden de Satanás, esos que realizando estas atrocidades no pretenden otra cosa que profanar el alma misma, esos que no pudiendo comprar a Dios trabajan para destruir todo lo que a Él le pertenece; estos demonios con apariencia humana están dejando caer sobre la humanidad  un tejido de dolor tan denso, tan pesado, tan negro que hace desorientarse incluso los ejes del planeta.  Y la humanidad sufre de una forma tan extenuante que, cada latido de dolor de cada corazón sufriente, clama con tal fuerza que el sol mismo se rebela emitiendo llamaradas capaces de desequilibrar todo sistema.
y la sociedad de a pie, esconde la cabeza bajo el ala para no ver lo que está pasando y los medios de desinformación siguen haciendo honor a su nombre reflejando en las portadas de sus periódicos lo que le ordenan sus superiores que tienen que demostrar que lo son subiéndose a una banqueta.
Llegará el día que se nos pida a todos responsabilidad de cada grito ahogado en la garganta, de cada acción no realizada, de cada vida exenta de latido por no haber hecho, no sólo lo posible sino hasta lo imposible, por restaurar la cordura en esta casa común en la que todos podemos y debemos vivir sin miedo a caer en las garras de esos que, sabiéndose intocables por las leyes humanas,realizan abominaciones con lo más bello, lo más tierno, lo más puro y limpio, los bebés.

Sé que no existe en la mente humana estrategia alguna para erradicar todo esto que viene del mismo infierno y que ha llegado hasta aquí porque existen criaturas perversas que han servido de medio. Aún así necesitamos una estrategia que contrarreste todo esta locura, una estrategia que disuelva tanto dolor, tanto llanto, tanta sequedad de esperanza provocada por el pecado, tanta amargura exponencial provocada por la  inmediatez de un mundo que no ha querido aprender a esperar en Dios.  Pero no hay tiempo para estrategias humanas ; necesitamos algo más urgente, seguro, poderoso, necesitamos la estrategia Madre: EL EVANGELIO que es estrategia y triunfo en sí mismo. Cristo nos enseña en el EVANGELIO el modo  seguro y eficaz de actuar ante cualquier situación de urgencia: AMAR.

Amar  como Él nos enseñó que es  darse completamente en esta misma acción de amar.


No debe bastarnos con dar amor, debemos darnos a nosotros mismos por entero en cada momento, en cada gesto de amor hacia el otro.
Es urgente cambiar el mundo, pero no podemos esperar que otros sean los que comiencen este cambio porque, esos otros, están esperando que lo hagamos nosotros.

Si  hemos dejado que Cristo actúe en nosotros, si somos vasijas de su Amor y de su Luz, cada gesto, cada mirada, cada esbozo de sonrisa podrá curar al otro. Y si cada átomo de nuestro ser vibra por, en y para Dios podremos sentir la acción de nuestra totalidad esparciéndose, cual erupción de amor, disolviendo con esa energía  luminosa  el denso dolor que envuelve nuestro planeta.





purificación garcia

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