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miércoles, 2 de enero de 2013

Virgen de la Esperanza en Peal de Becerro








Entré en el templo y te vi Virgen de la Esperanza, te miré y me atrajiste.

Allí estabas radiantemente bella, humildemente preciosa y en tu  rostro sutilmente impresa aquella frase que en otro tiempo pronunciaste y que continúas, hoy, diciendo: … Haced lo que Él os diga..

Qué maravilla  tu forma, Madre, de conservar y transmitirnos la Esperanza.

Miré tu imagen adornada con el alegre colorido de unas plantas que surgían de un tiesto con anhelo decorado y unas velas, que estaban prestas para regalar su humilde y pacifica llama a la que es el Reflejo de la Luz de Dios, concluían los ornatos.

Tus ropas bellamente concordaban con las situaciones que tus hijos están experimentando.

Tus dedos no llevaban anillos, ni tus manos pulseras, tu cuello no llevaba colgantes y tu vestido, Madre, una vez en ti tallado participó de la luminosidad que te caracteriza.

Virgen de la Esperanza  que, así lo quisiste Tú, tus manos pidieron amor para con los más necesitados. ¿ para qué tus dedos colmados de oro si tus hijos pasan frío? ¿Para qué, Madre humilde y sencilla, tus manos plenas de  preciosas pulseras si tus hijos pasan hambre? ¡No¡ seguro que Tú no quieres eso.
 
Y como conoces  a todos tus hijos y  penetras sus corazones sugeriste al pastor de la comunidad, que  como ya sabes se llama Jesús como tu Hijo, que uniera esta fiesta tuya con la fiesta del amor del corazón solidario. Y así sugiriéndolo Tú y escuchándolo él lanzo la llamada  y la comunidad, mayores y niños, fueron ante ti y a tus pies depositaron muchos alimentos que servirían para socorrer a esos que Tú sabes Virgen amada  y, cuando viste tantos alimentos  a tus pies, un esbozo de sonrisa de dibujó en tu rostro… así la comunidad realizó aquella frase que con tanto amor siempre nos dices… Haced lo que Él os diga…
Algunos jóvenes  y algún que otro niño de la comunidad dedican parte de su tiempo para que no te falte un detalle. Cúbrelos con tu manto Madre de la Esperanza, cúbrelos con tu manto y protégelos de todo mal y puesto que acuden a ti sin temor guárdales siempre en tu amor.

 

 
 
 
Purificación Garcia
 

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