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martes, 30 de agosto de 2016

NO DES DE COMER A ESA GENTE




Y Dios quiso hablarme y yo le dije que sinceramente quería escucharle. Así se inició una conexión, un rato de conversación Él quiso hablarme y yo, ávida de Él, le di conversación.

Él me iba hablando, me iba instruyendo y yo iba recibiendo ese saber que por el hecho de ser para todos casi nadie lo quiere, nadie lo toma.

Este fluir de instrucción es un camino sólo para los constantes, aquí no vale eso de ir caminando deshaciendo camino de Dios para luego en los últimos momentos, tras un apretón de intenciones, querer corregir lo que durante tantos años y adrede erré. Eso queda para los malos estudiantes sí esos que sólo estudian el día antes del examen. Porque podría ocurrirnos lo mismo que aquellas cinco vírgenes insensatas que el Evangelio de San Mateo nos describe en el capítulo 25. Es más sabio tener la lámpara bien llena de aceite para cuando llegue el momento de encenderla poder dar la bienvenida al Señor.

Todo esto transcurría en estos momentos de oración profunda. Qué manera de enseñar, qué instrucción tan maravillosa me estaba transmitiendo el mismo Dios. Qué ansias de aprender tenía yo. De repente llega alguien que sin ser invitado quiere interferir en aquel fluir de sabiduría entre el Dios y su discípulo. Yo atendí a este recién llegado y perdí un tiempo precioso porque el único objetivo de ese visitante era hacerme caer en la inatención hacia mi Maestro. Así me lo reveló Él: Ya ves pequeña, me dijo, has perdido un tiempo precioso y se lo has dado a éste que nada quiere sino hacerte oposición en el aprendizaje de aquello que te quiero transmitir.

Yo intenté excusarme. Verás Señor, es que ha llegado tan de repente que no he sabido reaccionar, creía que yo hacía bien atendiendo su demanda. ¿Sí, estás segura? Me respondió mi Maestro. Y ¿Cuál era su demanda? ¿Qué necesitaba de ti?  Y, reflexionando  en esto me dí cuenta que nada me pidió el visitante, que nada necesitaba de mí,  que lo único que perseguía era romper esa relación armoniosa entre el maestro y el discípulo.

Señor, ahora me doy cuenta, no volverá a ocurrir, cuando Tú y yo estemos hablando no prestaré atención a nada más, tampoco atenderé a quien venga a sacarme de ti.

Mira pequeña, esos seguirán viniendo e intentarán distraerte con no pocos sofismas. Vendrán a ti, se sentarán a tu mesa y tú les darás conversación retirándomela a mí. Así actúan siempre. Por eso te digo si quieres estar un rato conmigo no les pongas la mesa a esos intrusos, no les des de comer a esa gente ya que su alimento es sólo uno: romper tu atención para conmigo. No te dejes embaucar por sus estudiados e inoportunos sofismas de distracción que te alejaran de recibir el CONOCIMIENTO, que sólo yo, EL MAESTRO, puede darte.

Ya ves pequeña discípula mía, son muchas las personas que se sientan a meditar, que sinceramente quieren hablarme y los hay que incluso se preparan de una forma muy sofisticada para escucharme y ¿les vale de algo? Cuando creen estar preparados para hablarme y conectar conmigo, de golpe en su mente empiezan a afluir ideas, deseos, imágenes de seres queridos o no tan queridos, todo eso es gente que viene a comer de tu mesa sin ser invitados. No les des de comer, sigue hablando conmigo y llegará así el día en que se cansen porque no tienen nada que hacer en tu mente y, sobretodo,  en tu corazón y se irán y no volverán ya más. Cuando esto ocurra verás, entonces, como progresas en el aprendizaje de todo lo bello y grande que yo te voy a enseñar. Con todo esto tu SER irá in crescendo, alimentándose de mi sabiduría tan fluidamente que en poco tiempo el SER estará en ti y el ti mismo habrá quedado reducido a la mínima expresión. Una vez esto haya ocurrido es el momento de pegar fuego al ti mismo hasta su total pulverización. Entonces mi amada y pequeña discípula, ya siempre estaremos en conexión, ya habrás dejado de ser tú y habrás pasado a SER.

Así podrás vivir en todas las dimensiones, las conocidas y las aún por conocer, la bienaventuranza de la que nos habla JESUS EL CRISTO, en la Sagrada Escritura: ..Bienaventurados los pobres de espíritu porque de ellos es el Reino de los Cielos.

Dejando de ser tú mismo te llenarás de Dios. Ya no habrá dentro de ti nada que no conecte directamente con DIOS. El ESPÍRITU DE DIOS será en ti cuando el ti mismo haya sido eliminado, cuando seas pobre de espíritu.

Así que amada discípula no pongas la mesa ni des de comer a toda esa gente  que sólo persigue apartar tu atención de mi Amor.



Purificación García.

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