Y Dios quiso hablarme y yo le dije que sinceramente quería
escucharle. Así se inició una conexión, un rato de conversación Él quiso
hablarme y yo, ávida de Él, le di conversación.
Él me iba hablando, me iba instruyendo y yo iba recibiendo
ese saber que por el hecho de ser para todos casi nadie lo quiere, nadie lo
toma.
Este fluir de instrucción es un camino sólo para los
constantes, aquí no vale eso de ir caminando deshaciendo camino de Dios para
luego en los últimos momentos, tras un apretón de intenciones, querer corregir
lo que durante tantos años y adrede erré. Eso queda para los malos estudiantes
sí esos que sólo estudian el día antes del examen. Porque podría ocurrirnos lo
mismo que aquellas cinco vírgenes insensatas que el Evangelio de San Mateo nos
describe en el capítulo 25. Es más sabio tener la lámpara bien llena de aceite
para cuando llegue el momento de encenderla poder dar la bienvenida al Señor.
Todo esto transcurría en estos momentos de oración profunda.
Qué manera de enseñar, qué instrucción tan maravillosa me estaba transmitiendo
el mismo Dios. Qué ansias de aprender tenía yo. De repente llega alguien que
sin ser invitado quiere interferir en aquel fluir de sabiduría entre el Dios y
su discípulo. Yo atendí a este recién llegado y perdí un tiempo precioso porque
el único objetivo de ese visitante era hacerme caer en la inatención hacia mi Maestro.
Así me lo reveló Él: Ya ves pequeña, me dijo, has perdido un tiempo precioso y
se lo has dado a éste que nada quiere sino hacerte oposición en el aprendizaje de
aquello que te quiero transmitir.
Yo intenté excusarme. Verás Señor, es que ha llegado tan de
repente que no he sabido reaccionar, creía que yo hacía bien atendiendo su
demanda. ¿Sí, estás segura? Me respondió mi Maestro. Y ¿Cuál era su demanda? ¿Qué
necesitaba de ti? Y, reflexionando en esto me dí cuenta que nada me pidió el
visitante, que nada necesitaba de mí, que lo único que perseguía era romper esa
relación armoniosa entre el maestro y el discípulo.
Señor, ahora me doy cuenta, no volverá a ocurrir, cuando Tú
y yo estemos hablando no prestaré atención a nada más, tampoco atenderé a quien
venga a sacarme de ti.
Mira pequeña, esos seguirán viniendo e intentarán distraerte
con no pocos sofismas. Vendrán a ti, se sentarán a tu mesa y tú les darás
conversación retirándomela a mí. Así actúan siempre. Por eso te digo si quieres
estar un rato conmigo no les pongas la mesa a esos intrusos, no les des de
comer a esa gente ya que su alimento es sólo uno: romper tu atención para
conmigo. No te dejes embaucar por sus estudiados e inoportunos sofismas de
distracción que te alejaran de recibir el CONOCIMIENTO, que sólo yo, EL
MAESTRO, puede darte.
Ya ves pequeña discípula mía, son muchas las personas que se
sientan a meditar, que sinceramente quieren hablarme y los hay que incluso se
preparan de una forma muy sofisticada para escucharme y ¿les vale de algo?
Cuando creen estar preparados para hablarme y conectar conmigo, de golpe en su
mente empiezan a afluir ideas, deseos, imágenes de seres queridos o no tan
queridos, todo eso es gente que viene a comer de tu mesa sin ser invitados. No
les des de comer, sigue hablando conmigo y llegará así el día en que se cansen
porque no tienen nada que hacer en tu mente y, sobretodo, en tu corazón y se irán y no volverán ya más.
Cuando esto ocurra verás, entonces, como progresas en el aprendizaje de todo lo
bello y grande que yo te voy a enseñar. Con todo esto tu SER irá in crescendo, alimentándose
de mi sabiduría tan fluidamente que en poco tiempo el SER estará en ti y el ti mismo
habrá quedado reducido a la mínima expresión. Una vez esto haya ocurrido es el
momento de pegar fuego al ti mismo hasta su total pulverización. Entonces mi amada
y pequeña discípula, ya siempre estaremos en conexión, ya habrás dejado de ser
tú y habrás pasado a SER.
Así podrás vivir en todas las dimensiones, las conocidas y
las aún por conocer, la bienaventuranza de la que nos habla JESUS EL CRISTO, en
la Sagrada Escritura: ..Bienaventurados los pobres de espíritu porque de ellos es
el Reino de los Cielos.
Dejando de ser tú mismo te llenarás de Dios. Ya no habrá
dentro de ti nada que no conecte directamente con DIOS. El ESPÍRITU DE DIOS
será en ti cuando el ti mismo haya sido eliminado, cuando seas pobre de
espíritu.
Así que amada discípula no pongas la mesa ni des de comer a
toda esa gente que sólo persigue apartar
tu atención de mi Amor.
Purificación García.
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