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sábado, 16 de enero de 2016

EL ESTABLO ESTÁ EN TI, ESTÁ EN MÍ.


El establo está en mi interior




Saquemos a los animales del templo dejemos en él sólo a Dios.




Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.¿Somos pecadores? ¿Cómo saber dónde está nuestro pecado? ¿Todos tenemos el pecado dentro? ¿Podríamos entonces rezar?:

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros los que tenemos el pecado dentro, los que tenemos el YO PECADOR, Ahora y en la hora de ¿nuestra muerte?

¿Qué muerte es a la que estamos llamados los cristianos?. La muerte en la cual tenemos que trabajar para que, por fin, se produzca. No me refiero a la muerte de nuestro cuerpo material que también llegará, cuando Dios lo estime oportuno, claro está. Hay otra muerte en la cual cada uno tiene que tomar protagonismo, me refiero a la muerte de nuestros yoes.

Ruega por nosotros, danos la energía y la fuerza  en la hora de la muerte de nuestro pecado, en la hora de la muerte de nuestro ego, de nuestro YO PECADOR.

En la muerte del ego o  pecado que llevamos dentro, aquí sí que tenemos que intervenir,. ¿Cómo?Trabajando día y noche, hora tras hora, en todos los momentos del día.

La oración auténtica nos hace que la auto-observación de nosotros mismos sea sincera y eficaz. Cristo nos da los instrumentos necesarios y María, la Virgen, nos ayudará en todo momento siempre que acudamos a ella, como acudió el hijo pródigo al Padre.

Ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de la muerte de ese ego, de ese YO, que no es sólo que forme parte de mí, es que ese yo, soy yo. Por eso, por estar tan arraigado es por lo que necesitamos ayuda tan alta, tan divina, la ayuda de nuestro Padre que está en lo escondido y la ayuda de nuestra divina madre interior. Dios Padre, Dios Madre, María, Jesús el Cristo, el espíritu Santo, que con su divina energía tiene el poder de pulverizar todo lo que le estorba al ser humano para llegar a Dios, para llegar a ser Hombre. Estos son los que están esperando que les pidas para darte.

El ego o pecado está en nosotros. No está fuera de nosotros. A veces nos engaña haciéndonos sentir que está afuera y nos hace creer que nuestro interior está libre de él, ¡MENTIRA COCHINA! . Desde nuestro interior, el ego, interactúa con los distintos escenarios externos y el daño que produce se nos queda dentro. ÉL nos maneja a su antojo y nos produce desequilibrio interior grave perdiendo la armonía.

Se nos enseña que es muy difícil amar a quien no se conoce es por eso que cuando más conocemos a Cristo más le amamos.

Pero también para derrotar a un enemigo hay que conocerle. Si queremos erradicar el ego o pecado hemos de conocernos a nosotros mismos. Parece muy complicado pero esto también es parte de su juego. Hace que nos parezca tan difícil para que se disipen las ganas de llegar, incluso, a intentarlo.

Si profundizamos en esto veremos que no es que nosotros tengamos el ego dentro, es que muy dentro es el ego el que nos tiene a nosotros.

El ego es el que dicta las normas de nuestra conducta que nos llevan siempre al error, a la enfermedad del alma y, en gran medida, la del cuerpo. Por poner un ejemplo, es él quien induce al fumador a seguir siéndolo aún arriesgando la salud del cuerpo que es templo del Espíritu Santo.

En la auto-observación de sí mismo, en la meditación, en la oración, en el esfuerzo, en el recuerdo de sí mismo de instante en instante, en la sincera petición de ayuda a Dios nuestro Padre, a Jesús el Cristo, a la Virgen María, al Espíritu Santo ( que es fuerza y fuego);  aquí está la clave para llegar a vaciarnos de nosotros mismos, es decir, de nuestros egos y pecados para que así sea sólo Dios quien resida en nosotros.

Después de un arduo trabajo, en el tiempo oportuno, llegará la gran liberación.

Tenemos la enorme ventaja de no tener que trazar el camino para llegar a esta GRAN LIBERACIÓN, no habríamos sabido hacerlo. Tenemos el camino ya trazado, sólo tenemos que seguirlo y ya sabemos lo difícil que es. EL MAESTRO JESÚS EL CRISTO en el evangelio nos habla de esta dificultad. En Mateo 7,13-14, nos dice:

..entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición y muchos son los que entran por ella; porque estrecha es la puerta y angosto el camino que lleva a la vida y pocos son los que la hallan.

Por eso cuando llega la Navidad  veo como representamos el nacimiento del Enmanuel en el portal de Belén. Obsevo las figuras que representan a Jesús, José  y María, a los ángeles y también, los animales, la mula y el buey. Yo medito y en forma de  oración le digo al Señor: Sí mi amado Jesús, el Enmanuel, quiero que nazcas en mí. Sé que hay animales en mi interior, los egos, mis pecados, pero también allí está la Madre María, que también es mi madre. Sé que me ayudará con su esposo el Espíritu Santo a adecentar mi cuadra , mi establo para que TÚ, LA LUZ DEL MUNDO, pulverices a esos animales que quieren hacerse dueños de alguien que sólo quiere ser de ti.


                                                                        


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Purificación García



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