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miércoles, 23 de marzo de 2016

Quise ponerme en tu lugar, MARIA.


Quise ponerme en tu lugar María y comprendí que ese lugar, el tuyo, me quedaba demasiado grande. Perdóname María si fue soberbia la que me hizo querer visitar ese enorme y elevado lugar.

Quise ponerme, por un momento, en tu lugar y no lo resistí. Perdóname María también por no poder resistirlo.

Quise ponerme en tu lugar y el anuncio de Gabriel me asustó tanto que salí corriendo.

Quise ponerme en tu lugar y el dolor del parto en plena calle, sin nadie que me acogiera me enfrió el alma y de nuevo me eché a correr.

Quise ponerme en tu lugar, María, y sentí la persecución y sentí el miedo de la madre a la que quieren arrebatar el hijo para matarlo. María perdóname, no pude, sencillamente no pude y huí de nuevo con el miedo en los huesos. El lugar, se confirmaba, era demasiado grande para mí.

Lo intenté de nuevo y de nuevo quise ponerme en tu lugar y vinieron y detuvieron a mi hijo y no pude soportar verlo con las manos atadas, cual delincuente, empujado como  un malhechor hasta la morada del juez terreno.

No pude soportarlo María, perdona mi flaqueza, pero no soporté verlo tan despreciado y desechado de sus paisanos. Salí corriendo con el corazón brotando sangre y mirando al cielo con un dolor casi iracundo. Perdóname por ello María.

Respiré y de nuevo quise ponerme en tu lugar María y entonces..entonces... ví a mi hijo azotado, burlado, golpeado hasta la extenuación, y escuché el grito del pueblo:¡ crucifixión! Cómo una madre puede ser tan grande como lo fuiste tú María que estuviste en todo momento al lado de tu hijo que mirándole le infundías ánimo y fuerza tanta fuerza que, al verte, se levantaba y seguía con la cruz de la incomprensión, de la envidia, de la soberbia, de la injusticia. Seguía cargando él sólo con la cruz de todos los hombres, pasados, presentes y futuros. No lo soporté María y me fui corriendo lejos de esa situación, corría hacia delante mirando hacia atrás.

Era tan fuerte el dolor que ni siquiera la seguridad de la Resurrección me aliviaba para soportar con paz ese amargo trago.

Intenté ponerme en tu lugar María, no lo pude soportar y me avergüenzo cada vez que, creyéndome llena de razones, me atrevo indignamente a pedirte que Tú, María mi Madre, te pongas en el mío.







Purificación García  2005


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