Quise ponerme
en tu lugar María y comprendí que ese lugar, el tuyo, me quedaba demasiado
grande. Perdóname María si fue soberbia la que me hizo querer visitar ese
enorme y elevado lugar.
Quise
ponerme, por un momento, en tu lugar y no lo resistí. Perdóname María también
por no poder resistirlo.
Quise ponerme
en tu lugar y el anuncio de Gabriel me asustó tanto que salí corriendo.
Quise ponerme
en tu lugar y el dolor del parto en plena calle, sin nadie que me acogiera me
enfrió el alma y de nuevo me eché a correr.
Quise ponerme
en tu lugar, María, y sentí la persecución y sentí el miedo de la madre a la
que quieren arrebatar el hijo para matarlo. María perdóname, no pude,
sencillamente no pude y huí de nuevo con el miedo en los huesos. El lugar, se
confirmaba, era demasiado grande para mí.
Lo intenté de
nuevo y de nuevo quise ponerme en tu lugar y vinieron y detuvieron a mi hijo y
no pude soportar verlo con las manos atadas, cual delincuente, empujado
como un malhechor hasta la morada del
juez terreno.
No pude
soportarlo María, perdona mi flaqueza, pero no soporté verlo tan despreciado y
desechado de sus paisanos. Salí corriendo con el corazón brotando sangre y
mirando al cielo con un dolor casi iracundo. Perdóname por ello María.
Respiré y de
nuevo quise ponerme en tu lugar María y entonces..entonces... ví a mi hijo
azotado, burlado, golpeado hasta la extenuación, y escuché el grito del
pueblo:¡ crucifixión! Cómo una madre puede ser tan grande como lo fuiste tú
María que estuviste en todo momento al lado de tu hijo que mirándole le
infundías ánimo y fuerza tanta fuerza que, al verte, se levantaba y seguía con
la cruz de la incomprensión, de la envidia, de la soberbia, de la injusticia.
Seguía cargando él sólo con la cruz de todos los hombres, pasados, presentes y
futuros. No lo soporté María y me fui corriendo lejos de esa situación, corría
hacia delante mirando hacia atrás.
Era tan
fuerte el dolor que ni siquiera la seguridad de la Resurrección me aliviaba
para soportar con paz ese amargo trago.
Intenté
ponerme en tu lugar María, no lo pude soportar y me avergüenzo cada vez que,
creyéndome llena de razones, me atrevo indignamente a pedirte que Tú, María mi
Madre, te pongas en el mío.
Purificación García
2005
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