Visitas


martes, 4 de octubre de 2016

SI QUIERES VOLAR SUELTA TU LASTRE


                            
Quiero ser, Señor, un átomo de la belleza de tu Cielo.
Oh vida, aún recuerdo cuando volaba suavemente por ese dorado lugar  que sabe a cielo.  Aún hoy, si cierro los ojos, veo claramente la belleza del itinerario que mis alas seguirían hasta llegar a mi destino. Lo siento de todo corazón, mi Dios. Siento no haberlo conseguido y hallarme por error, aun vestido de amor, con los pies anclados en este denso suelo. ¿Mis alas? Míralas Señor, ahí están, rotas porque olvidaron su esencia, olvidaron su vuelo.
Si no me das mis alas,
déjame al menos volar en tu mano
Me dejé engañar, debí haberlo supuesto. El majestuoso y frágil movimiento de mis alas hacía sonar mi cuerpo como nota que salta hacia los espacios y líneas más elevadas del pentagrama y este ascender hacía vibrar el éter existencial creando la sinfonía de un renacer del  tiempo. Otras notas volaban conmigo. Ellas siguieron, ya estarán allí, seguro que ya percibieron mi hueco.

¿Por qué miré hacia abajo, dime vida, por qué miré Padre? Y aún mirando ¿por qué les dediqué tanto tiempo a los que no queriendo estar arriba seguían bien anclados en el suelo?

Les sonreí con ternura viendo sus pies bien amarrados con pesados cepos. Les compartí como podían quitarse aquellas densas áncoras pero parecían sordos, no reaccionaban o quizá no me entendían. Yo les hablaba bien claro y ellos no reaccionaban. Mientras todo esto ocurría mis alas se movían pero yo no avanzaba. Pensé, no me comprenden o quizá tengan los oídos tapados. Y quise que se quitaran todo aquello que les ataba pero ellos no hacían nada.
Mis alas me las dieron para volar no para urgir al que no se quiere elevar y por eso se rompieron y me dejaron caer. Llevo demasiado tiempo entre ellos, con mis pies en este denso suelo y les he mostrado como quitarse de los suyos eso que les tiene atados; pero no quieren oír, no quieren escuchar… NO QUIEREN VOLAR.
Y yo aquí estoy con ellos pero sin ser de ellos. Yo sí quiero volar y cometí el pecado de querer forzar la voluntad de los que libremente dijeron a las alas NO.
Por esto Padre Dios te pido sincera, sentida y profundamente perdón. Ya son muchos años aquí abajo con este mi templo sujeto a las leyes físicas. Me he arrepentido de forma tan honda que he sobrepasado la cima de  mi ser. Me atrevo con la mirada baja a decirte:

PADRE MIO POR TU GRAN MISERICORDIA DAME DE NUEVO MIS ALAS.

Cuando vuelva a tenerlas nunca más las perderé y volando y elevándome mis alas harán nacer para ti la melodía del nuevo tiempo, la música trascendente que hará latir el corazón mismo de las galaxias  de todo el universo que, con armonía sublime, TÚ mismo creaste INCOGNOSCIBLE PADRE ETERNO..

Purificación García


No hay comentarios:

Publicar un comentario