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martes, 30 de octubre de 2018

Pensando en mi familia: LA IGLESIA.


Con demasiada frecuencia escucho en las reuniones de trabajo de ésta mi familia, la Iglesia, una frase ante la que siempre mi interior se ha resistido:....LO PERFECTO ES ENEMIGO DE LO BUENO, ésta es la recurrente expresión.

La verdad comprendo lo que se pretende transmitir con esta máxima. Este recurso gramatical que tanto repetimos está basado en la experiencia reiterada a través de la cual constatamos que, con demasiada frecuencia, nos  quedamos apalancados sin hacer nada, es decir, no movemos ni un dedo hasta que se dén las condiciones perfectas. Es decir, esperamos que las leyes de la naturaleza se confabulen al ciento por ciento a nuestro favor para, sólo entonces, ponernos en acción. Nos quedamos mirando al cielo.
Esto me recuerda al momento descrito en la Sagrada Escritura:

....... Galileos  ¿qué hacéis ahí mirando al Cielo...?

Pués bien, las Escrituras son claras y nos hacen caer en la cuenta que , mientras esperamos, tenemos que seguir trabajando en la viña del Señor.

Que la situación es favorable......nosotros a trabajar...
Que la situación es adversa.... nosotros a trabajar..
A tiempo y a destiempo, siempre hay que trabajar en la Viña.

Una vez dicho todo esto  y habiendo entendido por qué utilizamos estas  frases debemos tener cuidado con el uso reiterado de las mismas.

Retomando la frase "LO PERFECTO ES ENEMIGO DE LO BUENO" e intentando comprender su uso es imposible, a mi modo de ver, no reconocer el error que se encierra en ella.

El mismo Jesús en el evangelio nos dice: ... sed perfectos como vuestro Padre Celestial es Perfecto....

Si damos por correcta la frase de la que hablamos, podría algún hermano llegar al siguiente razonamiento:.... si lo perfecto es enemigo de lo bueno y si nuestro Padre Celestial es Perfecto esto concluye en que nuestro PADRE CELESTIAL.. ¿no es bueno?.

Mis queridos hermanos, estamos en tiempos de definición en los que  urge trasladar a nuestro lenguaje la claridad del evangelio así que trabajemos para no inducir al error a los más pequeños.

Pido que los cristianos estemos alerta en todo momento, porque el mal busca cualquier resquicio para colarse en nosotros y las palabras que pierden su esencia son una puerta abierta de par en par al error.

Otra forma de expresión que me pone en guardia porque, a mi modo de sentir, conduce a un error aún más profundo. Cada vez hacemos más nuestra la siguiente afirmación :... estoy orgulloso de... me siento orgulloso de... y lo utilizamos en  cualquiera de sus tiempos verbales.
Yo he oído esto millones de veces y no he reaccionado, pero ya son muchas las ocasiones en las que oigo esto en las homilías de la celebración Eucarística y esto hace que se erice mi piel, aquí sí he reaccionado.
El Orgullo, es un pecado capital o una de las variaciones de él, por lo tanto sentirse orgulloso es sentirse de todo menos cristiano porque es Cristo mismo quien nos llama a erradicar el odio, la vanidad, la pereza... el orgullo...
A nosotros y sobre todo a los de habla hispana con el idioma tan rico que tenemos no nos costará sustituir esa palabra por: estamos gozosos.. estamos alegres  estamos maravillados...
Me preocupa mucho constatar cómo el error va entrando en la vida del cristiano para hacerse un hueco y afianzarse en su vida haciéndose pasar por bueno.
EN ESTE TIEMPO QUE NOS TOCA VIVIR TENEMOS QUE LIMPIAR EL TERRENO Y NO GENERAR LA MENOR OPCIÓN AL ERROR DE QUEDARSE, INSTALANDO SU TIENDA, EN NUESTRA VIDA PARA SIEMPRE.
Tenemos que cuidar de los pequeños. Tenemos cuidar los unos de los otros y TODOS cuidar de esta casa común para llegar juntos, siguiendo a Jesús nuestro Señor, al PADRE QUE ES BUENO Y PERFECTO,

Purificación García.

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