Hace poco tiempo escribí algo sobre un sueño, algo sobre el
jubileo de la banca en este año jubilar de la misericordia.
Pués bien, no ha sido la banca tal cual la entendemos. Esto no ha sido sueño sino una
tangible realidad.
Tengo los datos y por ellos sé que este año de la misericordia
en el cual continuaremos estando hasta el día veinte de noviembre (Solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo) está ya
dando frutos concretos.
Y las cosas se han desarrollado así. En este año jubilar y
siguiendo la inspiración bíblica y más concreta y efectivamente siguiendo la
voluntad de Nuestro Señor Jesucristo; el Espíritu Santo ha suscitado en el
corazón de una persona concreta ( con nombre y apellidos que no voy a desvelar
porque no tengo su autorización) el
ardiente deseo de perdonar la deuda de cierta importancia económica a su deudor
(cuyos datos tampoco voy a revelar).
Esto, indubitablemente, ha llenado el corazón de la persona
que se ha visto favorecida por este gozoso hecho de tal alegría que ha querido
imitar a su acreedor.
A mí me han condonado la deuda yo haré lo propio, ha pensado el deudor. Y así se
ha hecho. Son varias las personas implicadas que no vienen al caso descubrir. Pero
lo bello, lo real, lo gozoso es que el Espíritu Santo ha tocado con su fuego el
corazón de uno y que este toque ha generado una onda expansiva que ha llegado a
otros que, quizá, ni siquiera saben lo que significa el jubileo.
Esto no es una “franciscada” porque lo haya propuesto el
Papa Francisco, esto es un fruto directo del año jubilar de la Misericordia que,
a propuesta del Papa, el DIOS, UNO y TRINO, LA UNIDAD DEL TODO, LA TOTALIDAD DE
LA UNIDAD, ha tenido a bien querer conceder a su iglesia.
A veces, podemos caer en el error de pensar, que estas cosas
de los años santos, de los años jubilares, mueven a muchos a realizar eventos
que entran por los ojos y que después del…Oh qué bonito…. no aterrizan en
acciones bellas y concretas y todo, después
del año jubilar, queda igual que estaba antes de que éste diera comienzo. Yo
he presenciado la acción concreta, generosa, tangible y llena de esa divina
energía que distingue a los cristianos aperturados al Espíritu Santo del resto
de los mortales.
Purificación García
Purificación García
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