Y ocurrió que estando ya la humanidad en la incapacidad de
continuar su existencia, habiendo llegado ya todos los seres humanos a una
vejez sin retorno, una vejez sin esperanza ya que trás ella
no había infancia. Los niños dejaron de existir. Nunca se habló ya
de nasciturus ni de nacidos.Todo todo se
tornó vejez y desesperanza, se tornó gris oscuro. El negro ya cubría gran parte
del espacio tiempo de aquella terrible y desagradecida, desesperanzada y vieja
humanidad.
Una realidad divinal se abajó a nosotros, una divinidad
encargada de las existencias de las razas humanas.
Abajándose como sólo UNO lo había hecho antes preguntó a lo que quedó de esa raza maravillosa y vital, sonora y polícroma, preguntó a la oscura vejez que poblaba el planeta tierra, ¿qué habéis hecho?
Respondió la ceniza que era lo único que quedaba: ¡No hemos hecho nada! Nacimos, crecimos y envejecimos como viene siendo siempre. Luego continuamos creciendo y envejeciendo y ahora sólo envejecemos. Los primeros pasos de nuestra humanidad van desapareciendo y llego a creer que siempre ha sido así, que siempre hemos sido viejos.
¡No!, ¡siempre No! ¡Siempre no hemos sido viejos!Abajándose como sólo UNO lo había hecho antes preguntó a lo que quedó de esa raza maravillosa y vital, sonora y polícroma, preguntó a la oscura vejez que poblaba el planeta tierra, ¿qué habéis hecho?
Respondió la ceniza que era lo único que quedaba: ¡No hemos hecho nada! Nacimos, crecimos y envejecimos como viene siendo siempre. Luego continuamos creciendo y envejeciendo y ahora sólo envejecemos. Los primeros pasos de nuestra humanidad van desapareciendo y llego a creer que siempre ha sido así, que siempre hemos sido viejos.
Durante mucho tiempo hubo niños, infancia feliz, nueva oportunidad para
la raza.
¿Dónde están ahora? ¡No lo sé!. Hace mucho tiempo que dejaron de estar. ¿Pero por qué? ¿qué hicisteis?.. No hicimos nada. La semilla se acabó y eso nos trajo hasta aquí.
Pero ¿cómo pudisteis acabar con la semilla?.
Verás, divinidad venida de arriba, yo te pregunto ¿qué hace
falta para que la semilla exista para siempre?
Es muy fácil, hace falta que sembrarla.
¿Dónde hay que sembrarla? En tierra buena. ¿Es que también has
olvidado la parábola? Es muy fácil, hace falta que sembrarla.
Pues bien divinidad, estuvimos muchos años jugando con la
semilla, disfrutaba nuestro cuerpo viéndola aflorar ad extra; hicimos de ese
afloramiento al exterior el fin último. ¿ Por qué? Porque nos causaba deleite egoico. Una
vez fuera la tirábamos al estercolero.
Pero “raza desagradecida y perdida”, ¿y la tierra buena? ¿Acaso
no hay entre vosotros alguien que haya querido sembrarla en el lugar creado
para ello?
¡No divinidad! Nos gustó más el juego y en los últimos
tiempos afloró una nueva fase dentro de este desorden, comenzamos introducir la semilla en la cloaca
humana en lugar de depositarla en el claustro provisto de todas las leyes
cósmicas y de todos los instrumentos para la creación de un nuevo ser.
¿Cómo permitisteis que esto ocurriera? ¿Acaso no había
nadie entre vosotros que se diera cuenta de lo que estaba pasando? ¿Acaso no
hubo entre vosotros líderes que os hicieran entrar en razón?
Si divinidad, los hubo y los asesinamos, acabamos con
todos. Los líderes religiosos nos hablaban advirtiéndonos que esto, que hoy
sufrimos, nos ocurriría.
¿Por qué no los escuchasteis? Porque antes de poder ni
siquiera meditarlo, los líderes políticos sacaban una ley y, articulándola como un derecho muy humano, nos convencían sin demasiado esfuerzo.
Verás divinidad, los líderes políticos de aquella época gastaron
ingentes cantidades de dinero en concienciar a los individuos, ya desde los
primeros años de la escuela, que era un derecho muy femenino asesinar al ser
que llevabas dentro y una vez asesinado vuelta a empezar, a concebir otro para
hacer lo mismo.
También gastaron casi todo el presupuesto nacional en hacer
ver que la sociedad podría sostenerse con todo tipo de familia y potenciaron
la familia homosexual y no sabes cuánto se burlaban todos de la familia tradicional. Si
una pareja, hombre y mujer, contaban varias decenas de años de feliz unión, eran vilipendiados
por estos líderes de cieno que, así mismos, se llamaban políticos.
Divinidad, ahora sé que la semilla, en esta clase de
sociedad, no llega a ver la luz para la que fue creada. Una luz que, bien
trabajada, podría habernos hecho superiores.Una luz que hubiera llenado este
planeta de multicolor, de inocencia, de infancia y , por ende, de esperanza de
supervivencia con el horizonte de la eternidad. Pero nosotros decidimos jugar con ella y decidimos tirarla a una cloaca
donde es devorada por las ratas, o a otra dónde es ella quien devora todo
aquello con lo que se tropieza por no reconocer ese lugar como propio.
Haz lo que tengas que hacer, Divinidad.
Yo como divinidad, vine para intentar ayudar a que, al menos
un pequeño resto de vuestra raza fuera lo suficientemente puro, armónico,
inocente para iniciar la nueva oportunidad, la nueva raza, pero ya veo que ni
un ínfimo resto existe. Así que serán otros los que sean el germen y semilla de
LA NUEVA HUMANIDAD.Pero divinidad ¿y nosotros?
Vosotros seguid vuestro camino, olvidaos de que podéis pensar por vosotros mismos, olvidaos de las claves que en vuestro interior puso la MAXIMA DIVINIDAD, EL INCOGNOSCIBLE, que me envió a mí. Apoyad a vuestros lascivos líderes políticos.Seguid por dónde ellos quieren que vayáis. Ya estáis muy cerca del abismo. Nadie os ha obligado a hacerlo. Vosotros habéis elegido. La sentencia se ha pronunciado. Y la sentencia es: ¡ABISMO!
Purificación García
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