Ayer, Domingo día 13 de marzo de 2016, disfrutaba de un
maravilloso estanque temporal de meditación que el mismo Dios tuvo a bien regalarme,
después de la oración y meditación de la liturgia de las horas, me puse a releer el libro de las moradas de
Santa Teresa. Cada vez ahondando un poquito
más. No hay momento que no me lleve al gozo irrefrenable de un hallazgo
nuevo entre las líneas plasmadas con tanto rigor que, por medio de la vida y la
mano de la santa, Dios quiso regalar a esta humanidad doliente.
Comparaba la Santa, nuestra alma con un castillo todo él de
diamante o de muy claro cristal en el
que hay muchas estancias o aposentos. Es en el centro dónde está la principal,
es allí donde ocurren las cosas de mucho secreto entre Dios y el alma.
Intentaba yo imaginar cómo sería este ejemplo de Santa
Teresa llevado a mi vida, en qué estancia estaría mi alma y anhelaba que, con
tal de alargar el deleite de sentirme una con Dios, es decir, de acercarme al
centro a donde mora Dios, querría sólo por ello, estar en la zona de extramuros
del castillo para alargar el momento deleitoso del encuentro, sabiéndome ya
encaminada al mismo Dios. Qué potencia el ver muy de lejos al amado, a veces es
tan enorme el sentir que parece que la venas se abren por la presión de la
sangre que corre más que yo, para ella misma también teñirse de esa luz
inefable y dejar de traslucir ese rojo color. Gracias daré siempre a mi Dios
por esas experiencias que no sé si reales o imaginadas Él me regala haciéndome desear
la fusión con esa llama que arde en mi interior….. Aún tienes mucho que quemar,
me susurra el buen Dios, antes de la eterna fusión.
Tiempo después me llega la noticia de un hecho acaecido en
nuestra diócesis. Robaron de un altar una custodia con el Señor manifiesto. La custodia estaba adornada con perlas y no sé si algunas otras piedras preciosas. Las almas que aman a Dios quieren regalarle lo mejor, y allí estaba nuestro Dios, resplandeciendo para los ojos que le miran con fe, más que el mayor de los diamantes con los que hubiéramos querido ornarle.
Devolvieron más tarde la custodia, faltaban perlas, alguien
las arrancó supongo que para sacar provecho material de ellas. Pero justo en el
centro, en el centro y mitad como un rato antes había orado con Santa Teresa,
faltaba la principal, la que hace que la más bellas y perfectas piedras forjadas
en las entrañas de la tierra durante millones de años, a su lado languidezcan,
se tornen carbón apagado que solo sirve para tiznar.
Sufría yo pensando, ¿a dónde te llevaron, Dios? ¿ Que
hicieron contigo, mi amado Señor?. Tú que, como en el alma, estabas en el
centro y mitad de la custodia, Tú que sólo te muestras ante los ojos en los que
un día pusiste dos gotas de fe.Parece que mi alma quería sufrir pensando en…… De pronto Dios me susurró: No sufras. Aprende de esto…aprende de todo… ama sin medida… porque mi Padre nunca permite que yo el CRISTO EUCARISTÍA, sea arrastrado por los cienos psicológicos, materiales o temporales de nadie que pretenda hacerlo. Llegado ese negro momento, mi PADRE, alarga su mano y, como aquel día del calvario, me saca del lugar y me lleva a aquella otra custodia, a aquel otro sagrario ante el cual los ojos de fe del alma sedienta de Dios se postra de rodillas dejándose abrazar por mí. Y recibe de esta manera la energía de Dios la misma que, algún día, hasta el más espeso fango transformará en estanque de Amor.
purificación garcía
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